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Trémolo

Trémolo, que en música es la sucesión rápida de repeticiones de la misma nota. Porque así es como pasan los días. Rápido y con la misma duración. Sin un calderón que nos haga detenernos un momento, disfrutar del momento y alargarlo ad libitum, es decir, a voluntad, cuanto se quiera. Sin un ritardando que alargue el viaje hasta el fin de la partitura. Después silencio, hasta que empiece una nueva canción.

Trémolo, que también puede ser la fluctuación periódica del volúmen o amplitud un sonido, sin cambiar su afinación. Porque, aunque los días son iguales, su intensidad no es constante. El resto de intérpretes de la canción nos hacen saber que están ahí o se esconden tras el silencio de los compases de espera aguardando el momento de seguir tocando o para pasar desapercibidos y desentenderse mientras les sea posible. Después silencio, y quienes no quieren seguir tocando o prefieren otras melodías se levantan y se van sin despedirse antes del comienzo de la siguiente obra.

Trémolo, que en italiano significa trémulo, tembloroso. Porque somos como la llama de una vela. Titilantes cuando nos agita el aire de alguien que se aleja o, indeciso, no termina de decidir en qué dirección ir y nos roba todo el oxígeno de nuestro alrededor. Fulgurantes si el viento sopla en la dirección que queremos, si conseguimos el combustible adecuado y el comburente propicio. Moribundos cuando se aproxima el final, haciendo esfuerzos por brillar una última vez antes de la extinción. Después, silencio.

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