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Inventos sin palo

Muchos piensan que en España sólo se inventan cosas con el método de añadir un palo o un tubo a objetos que ya existían. Le añadieron un mango a un caramelo y nació el chupa-chups; un palo de escoba puso fin a la tarea de fregar de rodillas e hizo millonario al inventor de la fregona; y desde que alguien le puso unas varas a una mesa, hemos pasado muchas horas delante de un futbolín. Pero no todo son palos, hemos aportado muchos más objetos al mundo.

Ya decía Julio César que nos envidiaba porque para los hispanos vivir era beber (“vivere” se pronunciaba igual que “bibere” en Hispania, y se sigue haciendo). Para no defraudarlo, elaboramos el porrón, la bota y el botijo. De paso, se perfeccionó el arte de beber de un caño sin quedar empapado. Si añadimos el cigarrillo, el mus y la guitarra, tenemos los elementos para una fiesta. Ya nos darán la factura tras sumarla con la calculadora digital.

El matar siempre ha tenido cierto atractivo en España: a alguien se le ocurrió que sería una buena idea tener un cañón que pudiera manejar y transportar una sola persona, lo llamó arcabuz. Cuando prohibieron llevar espadas, a otra persona se le ocurrió que una más pequeña sería muy fácil de ocultar y la navaja fue todo un éxito. Como maestros en la guerra de guerrillas, si se nos presenta la ocasión, tenemos pocas cosas más útiles que el cóctel molotov, que se inventó en la Guerra Civil. En la última, quiero decir.

Hay españoles que también han puesto su grano de arena en material de oficina y turismo. Unos inventaron la grapadora y el sacapuntas; otros sorprendieron con los primeros modelos de submarino (de vapor y eléctrico), con el autogiro (precursor del helicóptero), el dirigible y el tren Talgo. El galeón no nació precisamente para hacer turismo, pero debo mencionarlo junto a los demás medios de transporte.

Ahora que estamos en tiempos de crisis tenemos la semilla ideal: la necesidad. ¿Qué otros inventos aparecerán en España?

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