Un asunto sangriento

AVISO: Para aquellos que tengan el estómago delicado y sensible es mejor no leer el segundo párrafo.

 

@MaraleJL me contaba el otro día que la comida no le había resultado todo lo agradable que esperaba porque se había encontrado con sangre en el pollo que había preparado. Yo le aseguré que eso no era sangre, que simplemente eran proteínas desnaturalizadas. Aún así, a mí mismo me pareció muy corta esa explicación y me puse a investigar por mi cuenta para descubrir exactamente qué era aquello que a todos menos a mí os da tanto asco.

 

No soy ningún experto matarife ni ningún prestigioso bioquímico, pero durante toda mi vida he visto despellejar decenas de conejos, gallos, gallinas y demás animales de corral (ventajas de vivir en un pueblo y tener una granja). Disculpad si lo siguiente resulta desagradable pero si el animal tiene que soltar algo de sangre lo va a hacer mientras se le quita la piel, se le destripa y se prepara para hacerlo comestible, es raro que le quede algo después de todo el proceso (que incluye estar en remojo antes de ir a la sartén), por eso me cuesta creer que ese líquido grasiento y rojizo que aparece en la carne poco cocinada sea sangre. Lo que he descubierto es que, como sospechaba, en el matadero se desangra por completo a los animales y solo quedan restos de sangre en las vísceras, el corazón, los riñones y esas guarrerías que todos llevamos en lo más profundo de nuestro ser.

 

¿Por qué es roja la sangre? Porque el hierro que contiene la proteína hemoglobina toma ese color al entrar en contacto con el oxígeno que transportan los glóbulos rojos (y da la casualidad de que en los glóbulos rojos es donde se encuentra la mayor parte de la hemoglobina). Por eso en las venas, donde estas células sanguíneas ya no llevan oxígeno, la sangre cambia de color. La hemoglobina también os sonará porque cuando el cuerpo la degrada se convierte en eso que le sube a Juan Luis Guerra cuando te mira y no lo miras, la bilirrubina (aunque él en realidad se refiere a la adrenalina, pero la rima no le quedaría igual, ¿verdad?).

 

En cambio lo que encontramos en los músculos (de donde sale casi toda la carne que comemos) no es hemoglobina ni sangre. Es otra proteína conocida como mioglobina. Es muy parecida a la anterior, de hecho también se le llama hemoglobina muscular. En su núcleo se encuentra un átomo de hierro, como en el caso de su prima, al que se le une muy fácilmente el oxígeno. Su tarea principal es aportar energía al músculo y a ella le debemos buena parte de nuestra agilidad, movilidad, fuerza y potencia. Es esta proteína, y no la hemoglobina, la que se desprende del músculo con el calor del fuego y aparece recubriendo o bañando la superficie de la carne que vayamos a comer. Si la carne está más hecha adopta un tono marrón oscuro; si está poco hecha seguirá teniendo el color rojo que le dan el hierro y el oxígeno.

 

Si queréis comer sangre (valiosa fuente de hierro para el organismo, muy recomendable para anémicos) la opción más sencilla es comprar una buena tripa de morcilla (o moronga, o relleno, dependiendo de dónde viváis) en la carnicería más cercana.

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6 comentarios

  1. Madre mía… te aseguro que apunte estuve de no seguir leyendo, pero la novia de un médico tiene que echarle un poco de narices y al final lo leí xD

    Nunca había pensado en este asunto pero después de leer tu entrada creo que miraré a los filetes poco hechos de otra manera… xD

  2. Hice lo posible para que no fuera demasiado desagradable xD A los que no les guste ver eso siempre tienen la posibilidad de hacer más la carne hasta que desaparezca todo lo rojo.

  3. Al menos te ha servido el comentario que hice. pero aun asi, por mas que hice la carme eso seguia, ya he preferido fijarme mejor al elegir la carne. asi es mas facil xD Sigue sin gustarme ese color aunque ya me lo hayas explicado mil veces mejor

  4. En verdad nunca había pensado con atención en el tema, será porque soy hematofóbica y concentrarme demasiado en temas sangrientos me causa desmayao y zumbidos en las orejas…

    Pero ya pensando bien en el tema de la sangre, creo que la piel se nos vuelve muy delgada de no estar en contacto con la vida, con la muerte y con los procesos que nos llevan la comida a la mesa.

    Recuerdo que cuando era niña ibamos de vacaciones con mi abuela, que vivía cerca de una granja; por la mañana se llevabana a los cerdos que iban chillando al matadero. (Cualquier parecido con el silencio de los corderos es pura coincidencia)

    Me has llevado de vuelta a la infancia de un golpe, se te agradece el viaje…

    D.

  5. ¡Moronga!… no sé si lo recuerdes, o si, en su momento, logré decirte como era que nosotros le decíamos a la morcilla. Aunque te diré que sea el nombre con el que se le llame jamás terminará de gustarme.

    Mi madre me había explicado esto alguna vez, aunque lo que me molestaba en ese momento, y hasta la actualidad, de la carne eran los “tendones” y si no fuera porque, justamente, me gusta la mioglobina creo que hace años me hubiese vuelto vegetariana. Ahora estoy en vías de dejar mis gustos carnívoros pero eso es por razones filosóficas.

  6. Sí, recuerdo que tuvimos una o varias conversaciones sobre eso.

    Aunque ignoro tus razones para querer ser vegetariana (y me gustaría conocerlas), déjame que te recuerde que los vegetales también son seres vivos. 😛 Según algunos estudios, también sienten y tienen la capacidad de transmitir emociones como alegría o dolor.

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