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La frase del domingo

Estaba yo escribiendo una entrada nueva cuando, al darle al botón de publicar, me ha desaparecido todo el texto y he maldecido a todos los demonios existentes por no haberme acordado de guardar el borrador. Así que como no tengo ánimo ahora para reescribirlo todo, he decidido que voy a empezar una sección fija para que los domingos los dediquemos a una lectura rápida, tan solo una cita, y a pensar en lo que hemos leido. He aquí la primera:

“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”
Sidhartha Gautama

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El destino llega hoy

El día que millones de personas llevamos esperando desde hace 8 meses no es el de la toma de poder de Obama, ni mucho menos. La noche con la que todo fanático lleva soñando desde hace semanas y ha marcado en el calendario con el color más chillón posible porque el 21 de enero (qué pena que no sea el 23) la cadena estadounidense ABC estrena la quinta temporada de Lost.

En poco menos de dos horas, teniendo en cuenta que en España son las 23: 30, se emitirá no el primero sino los DOS primeros episodios de la temporada, para el disfrute, delirio y éxtasis (intentaré no pasarme mucho) de todos los que puedan seguirlo en directo o los que, de ahora en adelante y hasta mayo, colapsen la red cada jueves para conseguir el ansiado capítulo semanal.

Si no has visto la cuarta temporada es mejor que no sigas leyendo, y si no has visto la serie ¿tu vida tiene algún sentido? (solo dije que intentaría no pasarme, pero no prometí nada). Continúo. Por fin podremos ver la nueva aventura de los OceanicSix y del resto de losties, otros y demás tios-chungos-que-no-sabemos-exactamente-de-qué-pata-cojean. Más misterios desvelados y creados, y, como también es habitual, más muertes sorprendentes (o no), más visiones raras, más Jacob paseándose con la choza a cuestas, más Dharma, más Desmond… En resumen, ¡más Lost! que seguro que nos hace poner los ojos en blanco y entrar en un trance místico. A disfrutar de la penúltima temporada.

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Para los exámenes

El peor de los papeles supera a la mejor de las memorias.

(Alfonso Azuara, Al primer toque – Onda Cero)

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Curiosidades del cine: 2001: Una odisea del espacio

Me han gustado bastante estas curiosidades que he leido por ahí sobre esta conocida película y me gustaría compartirlas con vosotros. y que conste que no he visto la película pero sí he disfrutado con la lectura de la novela (que se hicieron a la vez, por lo que son prácticamente idénticas).

-La más conocida es que la empresa IBM se negó a que se asociara el nombre de su compañía a un ordenador homicida, así que el director, Stanley Kubrick, decidió usar las iniciales inmediatamente anteriores en el alfabeto. Desde entonces HAL 9000 se convirtió en la pesadilla de muchos de nosotros.

-Es habitual que en el cine siempre se rueden más escenas de las que después aparecen en la película. En este caso, el montaje original duraba 160 minutos, pero se recortó hasta los 139 tras el estreno en cines.

-El autor de la novela, Arthur C. Clarke, fallecido no hace mucho, intentó publicar la novela antes del estreno de la película, aunque no hubo manera de convencer a Kubrick.

-El título que se pensó utilizar en un principio fue Journey Beyond the Stars (Viaje más allá de las estrellas).

-La que más me ha gustado es que la película no fue nominada para competir por el óscar al mejor maquillaje porque los académicos pensaron que los monos del principio eran reales. El óscar de ese año, 1964, se lo llevaron otros monos, los de El planeta de los simios.

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Geografía + Tetris = Statetris

No es que ahora vaya a presentar juegos cada dos por tres, que para eso ya existirán trillones de sitios, pero el otro día vi éste en un blog que no recuerdo y me pareció bastante entretenido, por no decir adictivo. Statetris es el no va más de la simplicidad: un mapa en blanco de uno de los continentes o de unos pocos países sobre el que caen países y estados respectivamente; con nombre,  sin él e incluso rotados según el nivel de dificultad, y hay que ir colocándolos como si fuese una partida de Tetris, sólo que no uno encima de otro sino en su lugar correspondiente del mapa.

Ahora que los exámenes están a la vuelta de la esquina, aquellos que estén estudiando geografía podrán ponerse a prueba con el juego, y los que no estudien esa asignatura pues tendrán algo que hacer durante los descansos para desestresarse, aunque quizá os estrese más. Que si Europa os parece fácil probad Japón en el modo dificil y ya me contaréis cuantos días tardáis en terminarlo. Ahh, y además está en inglés.

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La desmemoria histórica de hace un mes

Foto de la portada del diario El Pais

Foto de la portada del diario El País

Esta imagen que tuvo lugar ayer, 9 de enero, es muy similar a la que se dió no hace ni un mes, el 15 de diciembre. ¿Alguien lo recuerda? La ministra de Fomento y la presidenta de Madrid parece que no, porque han tomado las mismas medidas que la vez anterior para evitar que se colapse media España en general y Madrid en particular. Esas medidas han consistido en no hacer nada para evitar que sucediera,  llevarse las manos a la cabeza una vez que ya no tiene remedio la cosa y echarle las culpas a otro, que eso de asumir responsabilidades y dar la cara está muy mal visto aquí. Claro, en invierno nadie espera que nieve, eso es impropio de esta época del año, está pasado de moda y ya no se lleva. Además, era impensable que nevara a 600 metros de altitud cuando la previsión era que nevaría a partir de 300 ó 400. En fin, tampoco se puede esperar mucho de personas que autorizan la construcción de casas justo en mitad del lecho seco de un río y cuando el agua, que aunque no haya pasado por allí en 10 años, decide hacer una visita al lugar por el que se ha estado paseando mil, dos mil o tropecientos mil años antes de poner el primer ladrillo y se lleva por delante la casa y todo lo que en ella hay, la mejor opción es mirar para otro lado. ¡Qué cruel es el clima!, dicen después.

Así que seguiremos siendo el hazmerreír de Europa por la ineficacia que demuestran nuestros políticos ante los problemas (es que parecen japoneses) junto a la conducta pueril de escurrir el bulto y no aceptar los errores cometidos. Que cuando se trata de dinero o comida bien que les gusta a todos representar e ir con la cabeza alta, pero en cuanto asoma la palabra “problema” el responsable siempre es cualquier subordinado, que encima, como era su primer día, pues se le da un tironcillo de orejas y pelillos a la mar. Aunque claro, si el responsable es un subordinado ¿quién es el irresponsable que lo ha contratado?

El día que un político español asuma sus errores y actúe en consecuencia abandonando su cargo, como hacen los directivos de todas las empresas y los gobiernos de buena parte del mundo, tiraré una docena de cohetes en su honor, nunca mejor dicho. Incluso puede que descorche una botella de champán.

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Reconocimiento médico

Feliz año nuevo a todos, aunque ya haya pasado una semana. Ya estoy de vuelta de mis vacaciones y por fin dispongo de una conexión a internet aceptable y un lugar para escribir cómodo. Pensando en el tema de la nueva entrada me ha venido a la cabeza, por casualidad una escena que suele ser habitual casi todos los inviernos (yo de momento me he librado, pero el invierno es largo…) y que a más de uno le traerá ¿buenos? recuerdos y alguna que otra risa por lo bajini. También podéis partiros el pecho ¿eh?, no os sintáis limitados por mis palabras; la risa como la comida, a gusto del consumidor.

Precisamente de comida va el asunto, o al menos empieza por una comilona, ya sea nochebuena, navidad, año nuevo, vuestro cumpleaños o un día cualquiera de esos que os tomáis una olla de puchero como si fuera una bolsa de Lay´s o Matutano (que acabo de descubrir por san Google que pertenecen a Pepsi), aunque una comida ligerita también puede provocar la desgracia si se combina con una exposición prolongada al frío matutino o te lo contagia tu prima a la que sólo ves durante las navidades (¿alguien ha dicho casualidad?). Un ratito después empiezas a sufrir un ligero malestar, a tener escalofríos y un dolor cada vez más agudo en la zona abdominal. De repente, sales corriendo hacia el servicio más cercano como si te estuvieses entrenando para ser más rápido que Carl Lewis y el Correcaminos juntos -entrenamiento que, a fin de cuentas, te será indispensable para los días posteriores-.

Una vez expulsados todos los demonios de ti, caes en un estado de debilidad que sólo te da fuerzas para dormir y correr nuevamente cada vez que desafias a la muerte comiendo algo para no morir de inanición (vamos, que elijas lo que elijas te vas a… fastidiar). Total que decides ir a urgencias o al médico de cabecera, lo mismo da,  para que te haga un reconocimiento y trate de salvar lo poco que queda de ti. Reconocimiento que consiste en escucharte el corazón y la respiración con el fonendoscopio, mirarte cuan largo eres (o no) con expresión inescrutable, intentar ahogarte con el palito que Frigo no ha considerado apto para sus helados pero sí para inspeccionarte la garganta y, por último, volver a mirarte de los pies a la cabeza y viceversa con una cara que parece el vivo retrato de Chuck Norris.

En el incómodo silencio que viene ahora, empiezas a mirar al médico (que no siempre es doctor, ojo) y, temiéndote lo peor, consideras seriamente la posibilidad de hincarte de rodillas y rezarles a todos los dioses que conoces y de paso te inventas algunos dioses nuevos, por si las moscas. Sin saber cómo, ves como empieza a salirle humo de la cabeza al becario o experimentado doctor de turno (la vida es injusta, no siempre podemos elegir a quienes nos atienden), hasta que descubres que realmente el humo proviene del boligrafo que se mueve por la receta. Bueno, tu ves la receta, el boligrafo te lo imaginas al ver los trazos que van surgiendo a la velocidad de la luz en ella.

Es entonces cuando llega el momento álgido de la consulta porque a ti, inocente y cándida criatura, se te ocurre preguntar lo que has ido a saber:

-Perdone, ¿qué es lo que tengo?

-Pues… mmm… uno de los virus esos que andan ahora.

Y se queda el tío tan ancho. Tú, mientras buscas la cámara oculta, intentas decidir si descojonarte allí mismo o fingir que te desmayas para darle un poco de emoción a la visita. Tras hacer una de estas cosas (o ninguna, ¡o las dos!) piensas para ti:  ¿Era una adivinanza?, ¿qué virus será? Ahora, además de la oreja, también me pica la curiosidad. ¿Será el de la gripe o el del ébola? A lo mejor puede ser ántrax, que está muy de moda. Aunque  a lo mejor es el virus que causa la enfermedad de [inserta aquí tu nombre y apellidos] y este de aquí tiene el premio Nobel delante de sus ojos sin darse cuenta.

Sales de la consulta planeando contagiar al hijo de la vecina del quinto, el que intentó quitarte la bicicleta el verano pasado; con la recomendación de una dieta ligerísima, una o varias recetas entre las manos y entre pecho y espalda uno o varios de los virus esos que andan por ahí.

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