El camino de las sombras

CaminoSombrasPortadaFue una suerte encontrar este libro de Brent Weeks cuando ya me iba de la librería. Es uno de esos en los que la primera impresión augura una lectura medianamente entretenida y poco más, especialmente porque en este caso la portada de la edición de bolsillo no invita a esperarte nada bueno; pero acaba siendo como un agujero negro que atrae toda mi atención y del que no puedo escapar hasta que lo termino. El autor te dice «He aquí mi oferta: concédeme un par de páginas y yo te daré un viaje como no habías soñado.» y lo cumple de sobra. Las sorpresas agradables siempre son bienvenidas.

La historia no es original ni nueva: Azoth, un huérfano que vive en las calles, se propone cambiar de vida y convertirse en asesino a sueldo. Para conseguirlo intentará convertirse en aprendiz de Durzo Blint, el mejor y más temido asesino del mundo. O debería decir ejecutor, aunque no os contaré cuál es la diferencia. A esa base se le añaden decenas de personajes y varias tramas secundarias que nos muestran cómo es el mundo imaginario del libro y cómo son sus habitantes, cosa que al principio puede marear un poco cuando hablan de países o gentilicios a la vez porque los nombres son muy parecidos.

Realmente esperaba encontrar similitudes con otras obras de fantasía, como la trilogía del Vatídico de Robin Hobb o El nombre del viento de Patrick Rothfuss, salvando las distancias. Sin embargo, durante algunos tramos de la novela he tenido la sensación de de estar jugando a una versión alternativa de Assassin’s Creed. Durzo Blint no tiene nada que envidiarle a Altair o Ezio (protagonistas de los dos primeros juegos); cada vez que aparece en escena es tan carismático como ellos y estás atento al más leve de sus movimientos.

¿Y qué es lo mejor de todo? Que es el primer libro de la trilogía El Ángel de la Noche. Y como historia independiente funciona muy bien: los cabos sueltos e intrigas sin resolver no te impiden disfrutar de un final aceptable. Estoy deseando que Al filo de las sombras, la segunda parte, caiga en mis manos.

2013, la conquista del paraíso

¿O era 1492? Bueno, un detalle sin importancia mientras Ridley Scott o Vangelis no vengan a protestar, ¿verdad? El caso es que llevo un tiempo pensando en que definitivamente ya va siendo hora de darle más vida al blog, más que nada por el cariño que le tengo, aunque no lo parezca. Es un lugar donde paso un buen rato hablando conmigo mismo y con quien lo visite esporádicamente. Éste es uno de mis propósitos para el año que acaba de empezar.

Una entrada cada dos o tres meses no es lo que me propuse en un principio y es algo con lo que no termino de estar cómodo porque me gustaría escribir más a menudo. De momento voy a esforzarme para aparecer una vez cada quince días como mínimo, y conforme vaya pasando el tiempo veremos si puedo reducir ese periodo. Además, en octubre el blog cumple su quinto aniversario y no me parece que dejarlo medio abandonado sea la forma adecuada de celebrarlo. También podéis estar tranquilos porque no pienso dejar que Steven Moffat se acerque por aquí, bastante tiene él con destrozar el 50º aniversario de Doctor Who.

¿Qué puede esperar a partir de ahora cualquier lector incauto que llegue aquí quién sabe cómo? Supongo que lo mismo que podría esperar encontrarse en cualquier otro blog personal: mis gustos y mis intereses. Hace mucho que no hablo de los libros que leo; creo que nunca he mencionado nada acerca de las series y casi ni he tocado el cine; tampoco os he dado la lata lo suficiente con la música u otras muchas cosas.

Vamos, que esto seguirá siendo un cajón de sastre, pero espero que esté un poco más lleno y se abra con más frecuencia. Feliz año nuevo.

PS: Otro de mis propósitos es ponerme al día en todos los blogs que sigo, que mi lector de feeds tiende a infinito cuando miro el número de noticias pendientes.

Inventos sin palo

Muchos piensan que en España sólo se inventan cosas con el método de añadir un palo o un tubo a objetos que ya existían. Le añadieron un mango a un caramelo y nació el chupa-chups; un palo de escoba puso fin a la tarea de fregar de rodillas e hizo millonario al inventor de la fregona; y desde que alguien le puso unas varas a una mesa, hemos pasado muchas horas delante de un futbolín. Pero no todo son palos, hemos aportado muchos más objetos al mundo.

Ya decía Julio César que nos envidiaba porque para los hispanos vivir era beber (“vivere” se pronunciaba igual que “bibere” en Hispania, y se sigue haciendo). Para no defraudarlo, elaboramos el porrón, la bota y el botijo. De paso, se perfeccionó el arte de beber de un caño sin quedar empapado. Si añadimos el cigarrillo, el mus y la guitarra, tenemos los elementos para una fiesta. Ya nos darán la factura tras sumarla con la calculadora digital.

El matar siempre ha tenido cierto atractivo en España: a alguien se le ocurrió que sería una buena idea tener un cañón que pudiera manejar y transportar una sola persona, lo llamó arcabuz. Cuando prohibieron llevar espadas, a otra persona se le ocurrió que una más pequeña sería muy fácil de ocultar y la navaja fue todo un éxito. Como maestros en la guerra de guerrillas, si se nos presenta la ocasión, tenemos pocas cosas más útiles que el cóctel molotov, que se inventó en la Guerra Civil. En la última, quiero decir.

Hay españoles que también han puesto su grano de arena en material de oficina y turismo. Unos inventaron la grapadora y el sacapuntas; otros sorprendieron con los primeros modelos de submarino (de vapor y eléctrico), con el autogiro (precursor del helicóptero), el dirigible y el tren Talgo. El galeón no nació precisamente para hacer turismo, pero debo mencionarlo junto a los demás medios de transporte.

Ahora que estamos en tiempos de crisis tenemos la semilla ideal: la necesidad. ¿Qué otros inventos aparecerán en España?

Curioseando por ahí

Aprovechando que el Laboratorio Científico de Marte, más conocido como Curiosity, ha llegado a dicho planeta a principios de esta semana, he estado investigando qué otros aparatos tenemos desperdigados por el Sistema Solar, concretamente los de la NASA. Me ha sorprendido encontrar una gran cantidad de satélites, telescopios, espectrómetros y toda clase de aparatos dedicados a no quitarle el ojo de encima a la Tierra, estudiándola a fondo de los polos al ecuador. Pero yo estaba más interesado en las misiones dedicadas al resto de planetas que nos acompañan, unas más conocidas que otras. Aquí tenéis un breve resumen de lo que he encontrado, sólo de las misiones actuales, ni pasadas ni futuras:

Mercurio: La misión Messenger fue enviada al planeta con nombre de mensajero para investigar la superficie, el ambiente espacial, la geoquímica y realizar otras mediciones.

Marte: Si a mediados del siglo XX la Luna era nuestro patio de juegos, ahora es Marte el lugar en el que dejamos tirados la mayoría de juguetes, empezando por el último, Curiosity, que aterrizó el 6 de agosto y que investigará el clima marciano entre otras cosas. La Mars Express orbita el planeta buscando agua y recogiendo datos sobre la atmósfera. El rover Opportunity (y su gemelo Spirit, ya inoperativo) llegó en enero de 2004 para un trabajito de 90 días y le ha gustado tanto el planeta que todavía sigue activo. Otra de las muchas misiones que rondan por allí es la Mars Odyssey, estudiando los minerales y la composición del suelo.

Júpiter: La sonda Juno, que fue lanzada el año pasado y llegará en 2016 a su destino, tiene como objetivo el estudio de la atmósfera, la gravedad y el campo magnético.

Saturno: En el planeta de los anillos se encuentra una de las misiones más conocidas de los últimos años, la Cassini-Huygens, que se dedica a explorar también las lunas (especialmente Titán y Jápeto) y los anillos. Es una misión conjunta de la NASA y la ESA (Agencia Espacial Europea). Su final está previsto para septiembre de 2017.

Plutón: La New Horizons tiene previsto llegar al planeta enano y sus lunas en 2015, tras 9 años de viaje. Después será enviada fuera del Sistema, emprendiendo el mismo camino que las Voyager 1 y 2.

Asteroides y cometas: Como investigar planetas parecía poco, también se ha enviado a la nave Dawn al Cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter. Los asteroides Vesta y Ceres han sido los elegidos para darnos algunas respuestas del nacimiento del Sistema Solar. Además, la nave Rosetta acompaña al cometa 67P en su órbita al Sol, y la Stardust-NExT explora al cometa Tempel 1,

La última frontera: IBEX (Interstellar Boundary Explorer) es un satélite lanzado en 2008 con la misión de explorar y cartografiar la frontera entre el Sistema Solar y el espacio interestelar. Por otra parte, las sondas interestelares Voyager 1 y Voyager 2 fueron lanzadas en 1977 y se han convertido en los objetos más lejanos a la Tierra fabricados por el hombre. Sorprendentemente, aún siguen funcionando y enviando datos (que tardan unas 14 horas en llegarnos) y se estima que tendrán energía al menos hasta 2025.

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Para más información: NASA

Trémolo

Trémolo, que en música es la sucesión rápida de repeticiones de la misma nota. Porque así es como pasan los días. Rápido y con la misma duración. Sin un calderón que nos haga detenernos un momento, disfrutar del momento y alargarlo ad libitum, es decir, a voluntad, cuanto se quiera. Sin un ritardando que alargue el viaje hasta el fin de la partitura. Después silencio, hasta que empiece una nueva canción.

Trémolo, que también puede ser la fluctuación periódica del volúmen o amplitud un sonido, sin cambiar su afinación. Porque, aunque los días son iguales, su intensidad no es constante. El resto de intérpretes de la canción nos hacen saber que están ahí o se esconden tras el silencio de los compases de espera aguardando el momento de seguir tocando o para pasar desapercibidos y desentenderse mientras les sea posible. Después silencio, y quienes no quieren seguir tocando o prefieren otras melodías se levantan y se van sin despedirse antes del comienzo de la siguiente obra.

Trémolo, que en italiano significa trémulo, tembloroso. Porque somos como la llama de una vela. Titilantes cuando nos agita el aire de alguien que se aleja o, indeciso, no termina de decidir en qué dirección ir y nos roba todo el oxígeno de nuestro alrededor. Fulgurantes si el viento sopla en la dirección que queremos, si conseguimos el combustible adecuado y el comburente propicio. Moribundos cuando se aproxima el final, haciendo esfuerzos por brillar una última vez antes de la extinción. Después, silencio.

11 de marzo

Tras estas festivas vacaciones, ya va siendo hora de seguir escribiendo en el blog, aprovechando que tenemos el año recién estrenado y apenas hemos usado dos semanas. A quienes les resulte raro, les aclaro que estoy hablando del calendario que inventó un tal Rómulo para regir unos terrenitos que tenía a orillas del río Tíber a los que empezó a llamar Roma. Según este calendario, el año empezaba en marzo y terminaba en diciembre, dejando un periodo de tiempo entre año y año que no entraba dentro de ningún mes, hasta que Numa Pompilio, el señor que heredó las tierras de Rómulo, decidió que con esos días sueltos podían hacer otro par de meses para completar la docena. Y así nacieron enero y febrero, aunque marzo se mantuvo como el inicio del año durante unos 600 años más, hasta mediados del siglo II a. C.

Como iba diciendo, hoy es un día tan bueno como cualqiuer otro para recordar la fragilidad de la memoria o, mejor dicho, de la memoria selectiva. No me refiero al Alzheimer, sino a la capacidad que tenemos para prestarle demasiada atención a los hechos recientes y olvidar por completo los que ocurrieron tiempo atrás pero que con el paso de los años no han perdido su importancia. Para ilustrarlo con un ejemplo, tomemos la fecha de hoy, 11 de marzo. En muchos medios y redes sociales hoy es imprescindible hablar de los atentados de Madrid de 2004 y del tsunami de Japón del año pasado. Sin embargo, hasta ahora no he encontrado una sola referencia al terremoto de Chile de 2010, a pesar de que son muchos los que no lo han olvidado. Si ya hasta las catástrofes pasan desapercibidas, ¿qué otras cosas se quedarán en un rincón guardando polvo?

Una posible respuesta sería: los periódicos. Porque hoy se cumplen 310 años desde que se publicó el primer periódico de edición diaria del mundo, el Daily Courant, allá por 1702. Y todos sabemos que los diarios apenas han tenido importancia en todo el tiempo transcurrido desde entonces, ¿verdad? Aunque he de reconocer que mi título favorito siempre ha sido el que tuvo el primer diario español, publicado el 1 de febrero de 1758: Diario Noticioso, Curioso, Erudito, Comercial y Político, que fue posteriormente cambiado por uno más corto, Diario de Madrid.

Dicho lo cual, como no quiero extenderme demasiado y sólo pretendía hacer una brevísima exposición de lo que pasaba por mi mente estos días, procedo a terminar esta entrada. Pero antes, no quisiera olvidarme de felicitar por su cumpleaños a Chuck Norris, que ayer llegó a la venerable edad de 72 años.

Comentando a Varsavsky

(Para entender esta entrada hay que ver el siguiente vídeo. He intentado insertarlo pero no consigo que se vea.)

El caso de Martin Varsavsky nos enseña principalmente dos cosas que en nuestro país aún no terminan de entender las empresas, sean grandes, pequeñas o medianas, ni quienes aspiran a fundar una.

Por una parte, estamos viviendo en un mundo en el que la bidireccionalidad se ha transformado en un elemento imprescindible en casi todos los ámbitos, no “en” internet sino “gracias a” internet. Las empresas de cualquier tipo escuchan cada vez más y, normalmente, tienen muy en cuenta la opinión de sus clientes o usuarios. El gran problema es que en muchas ocasiones, las mismas empresas que miman a sus clientes, se olvidan por completo de sus propios trabajadores, ofreciendo malas condiciones de trabajo, sueldos insuficientes, horarios extenuantes, nulas perspectivas de futuro o, simplemente, un ambiente poco satisfactorio para el empleado. Si la maquinaria interna no funciona bien, se hace difícil que que el conjunto de la compañía tenga un funcionamiento y un rendimiento óptimo, lo que, paradójicamente, perjudica al cliente y al propietario por igual.

El segundo aspecto que se debe tener en cuenta, y que va de la mano del anterior, es que no es suficiente que las ideas, los nuevos servicios o tecnologías sean buenos, sorprendentes o revolucionarios. Es muy importante saber elegir el momento adecuado (ni demasiado pronto, ni demasiado tarde) para lanzarlas al mercado, lo que se ha convertido en un auténtico arte dentro de la estrategia comercial de cualquier empresa. Por bueno que sea algo, no triunfará si no se presenta al público de manera adecuada.

Como ejemplo de estos dos conceptos tenemos a Foursquare. Sus fundadores crearon a principios de la pasada década Dodgeball, un servicio muy similar también basado en la geolocalización. Google compró esta empresa y con el tiempo decidieron que la idea no les gustaba, unos años después lo transformaron en Google Latitude. Es muy conocido el buen ambiente de trabajo que reina en Google, pero los creadores de Dodgeball estaban descontentos por cómo se había tratado su idea, decidieron dejar de trabajar para Google y se pusieron manos a la obra para desarrollar lo que terminó siendo Foursquare, que, esta vez sí, consiguió calar entre los usuarios y supuso un boom dentro de las redes sociales gracias al mayor uso de los smartphones.

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